10 razones por las que te resistes al cambio saludable


Desde que he descubierto en mi propio cuerpo y en mi propia salud los beneficios de llevar un estilo de vida y alimentación más saludable, siento el impulso de comunicar a todo el que quiera escuchar las maravillas que estos pequeños cambios pueden obrar.

Mejoras en la piel, en las digestiones y el tránsito intestinal, control del peso, reducción de la inflamación y el dolor, aumento de energía y vitalidad, mejora en el estado de ánimo, etc. Cualquiera de estas razones sería motivo suficiente para que merecieran la pena los cambios.

Sin embargo, a pesar de que hay muchos casos de éxito que demuestran que tener una mejor salud y una mayor calidad de vida es fácil y es posible, cuando hablamos de estos temas con otras personas con la intención de animarles a iniciar su propio cambio, en ocasiones podemos encontrarnos con que nos dan una serie razones (léase "excusas") por las que se resisten a cambiar. Si has empezado a experimentar estos cambios en ti misma/o y a tratar de transmitirlos a la gente de tu alrededor, seguramente sabrás de qué te estoy hablando:


  1. "Yo no tengo tiempo de hacer todo eso". Léase "no quiero salir de mi zona de confort" o "me da pereza". Es el NO QUERER de la pirámide de resistencia al cambio. Somos animales de costumbres y nos cuesta cambiar de hábitos, salir de lo conocido y lo cómodo. Pero no nos autoengañemos, no se tarda menos en preparar café y hacer una tostada de mantequilla y mermelada que en preparar un batido verde o una crema budwig para desayunar. Además, ¿te has parado a pensar en el tiempo que perdemos en otras cosas que no aportan nada a nuestra calidad de vida como ver la tele o chequear el whatsapp? Es una cuestión de prioridades. Sé que es un proceso y que al principio se tarda un poco en cogerle el tranquillo, yo soy la primera que lo he experimentado. Pero enseguida nos acostumbramos a los nuevos hábitos y sientan tan bien que se hacen sin ningún esfuerzo.
  2. "Todo eso suena muy complicado". En la misma línea de lo anterior. Es normal que nos resulte complicado aquello que no conocemos, que nos suenen a chino los nombres de muchos alimentos nuevos, que no sepamos dónde comprarlos, que no conozcamos recetas en las que la carne no esté incluida en el menú, etc. Nos ha pasado a todos, te cuento más sobre eso en mi artículo Piedrecitas en el camino del cambio. Pero no es algo complejo, sólo es algo diferente, algo nuevo, y una vez que te haces con tus nuevas rutinas, tus nuevos comercios y renuevas tu despensa, todo va como la seda. Poquito a poco, paso a paso, haciendo pequeños cambios primero, consolidando nuevos hábitos, sin prisa pero sin pausa, caminando siempre en la buena dirección. El NO CONOCER es el primer escalón de la pirámide de resistencia al cambio, pero en esas estamos, aprendiendo, experimentando y aquí me tienes, tratando de ponértelo más fácil.
  3. "No se puede vivir en una burbuja". Efectivamente, no se puede. No podemos evitar la contaminación, las radiaciones, los pesticidas, hay cosas que no dependen de nosotros, si bien muchas acciones individuales pueden marcar una diferencia. Pero eso tampoco puede ser un motivo para no hacer nada al respecto, sí que hay mucho que está en nuestra mano hacer. Con nuestras elecciones conscientes, podemos elegir qué producto comprar y cuál ignorar en el supermercado, en qué envase beber nuestra agua o con qué tipo de sartén cocinar. Lo que seguro que no podemos cambiar es aquello que desconocemos, y en el terreno de la alimentación y la salud hay mucha desinformación y publicidad engañosa. Se trata de saber aquello que nos perjudica y lo que nos beneficia y, a partir de ahí, tomar nuestras propias decisiones prácticas, cada uno ajustadándolas a sus necesidades y circunstancias.
  4. "De algo hay que morirse". Obviamente, somos seres mortales. Pero a día de hoy, con los conocimientos y la información que hay a nuestro alcance, lo que no tenemos es por qué morir prematuramente sin motivo o ver mermada nuestra calidad de vida antes de tiempo innecesariamente. Según Nestor Palmetti, como especie deberíamos vivir 140-150 años (todo animal vive entre 6-8 veces su período de desarrollo), teniendo una tercera dentición en torno a los 100 años y manteniéndonos sanos y enérgicos hasta prácticamente esa edad. De hecho, hay poblaciones en la tierra en las que esto es algo normal (hunzas, caucásicos, vilcabambianos). Yo no sé si esto es posible o si llegados a este punto hemos cometido ya demasiados errores, pero lo que sí he comprobado después de poco más de un año con un estilo de vida más limpio y saludable, es que mi salud y mi calidad de vida son mejores a día de hoy de lo que eran antes. No estoy dispuesta a renunciar a eso.
  5. "Esas cosas son cuentos chinos, si esos alimentos fuesen tan malos, lo sabríamos". La verdad es que parece increíble, como si se tratase de los secretos mejor guardados. Pero es que el poder de la industria alimentaria y farmacéutica, de las políticas e intereses económicos es tremendo. No interesa que sepamos prevenir y tratar nuestra salud sin usar tal o cual pastillita, que dejemos de consumir esos productos a los que con tanto ahínco y tanto EXXX añadido han logrado hacernos adictos. Parece una teoría de la conspiración, pero cuando sales un poco de "matrix" y empiezas a leer, a informarte y a experimentar en ti mismo te das cuenta de la gran mentira. No hay más qué ver cómo se multiplican los casos de cáncer, de diabetes, de infertilidad, de obesidad, de autismo, etc. Algo como sociedad estamos haciendo mal. Hay mucho desconocimiento y mucha desinformación. Incluso los propios médicos y nutricionistas no lo saben todo o tienen conceptos erróneos, no por culpa suya sino porque así se lo han enseñado. Confiamos en los que nos forman y en los que nos gobiernan y creemos que estamos a salvo. "Los pesticidas no pueden ser tan malos, las dosis que llevan son seguras". Aparentemente son seguras, se testan en animales y la dosis mortal se multiplica por cientos o miles, correcto, pero no se tiene en cuenta el efecto cóctel, el efecto combinado de mezclar todo ese laboratorio de químicos, tóxicos y contaminantes a los que estamos expuestos diariamente todos los días de nuestra vida (para más información te recomiendo leer Productos ecológicos versus "normales"). No hay precedentes de generaciones anteriores tan tóxicas y contaminadas como la actual, vamos a ciegas. Pero ya hay evidencias suficientes como para que vayamos tomando conciencia y abriendo los ojos. Y, no nos engañemos, una cosa es no saberlo y otra no querer escuchar. Como dice el proverbio árabe "la primera vez que me engañes será culpa tuya; la segunda, la culpa será mía".
  6. "Esa alimentación es muy cara". Es cierto que a día de hoy los productos ecológicos son más caros que los convencionales. Pero opino que hay que valorar dos cosas. En primer lugar, el valor que tiene nuestra salud, considera los alimentos que ingieres como el mejor regalo que puedes hacerte a ti mismo y a los tuyos (ver artículo Convierte tu compra en un regalo). Y en segundo lugar, valorar el precio que nos ahorramos con todo lo que dejamos de consumir o consumimos en menor cantidad (carnes casi a diario, azúcar y dulces, alimentos procesados, bollería, tabaco, etc.). Como dice Ana Moreno, consiste en gastar un poquito más y comer un poquito menos. De esta forma, equilibramos la balanza y consumimos productos de calidad (en relación con esto, os recomiendo el sketch humorístico Dos tomates y dos destinos, buenísimo, jejeje). Además, la mejor manera de reducir los precios de estos productos es aumentar su demanda. Al menos, trata de consumir orgánicos los productos más contaminados y los que no se pueden pelar antes de consumirlos. Mira la lista de los "dirty dozen" donde se enumeran los 12 productos más contaminados, empezando por las manzanas. En caso de que no puedas comprar productos bio, pélalos o lávalos bien remojando en agua con bicarbonato y vinagre de manzana unos minutos.
  7. "Si dejo de comer todo eso, ¿entonces qué como?". Me encuentro con personas a las que cuando les digo que deberían reducir el consumo de lácteos, azúcares, alimentos refinados y procesados, café, carne, etc., se dan cuenta de que su alimentación se basa exclusivamente en esos productos y entonces, inevitablemente, surge la pregunta, "¿pero entonces qué como?". Yo te puedo asegurar que no vivo del aire y la luz del sol, me encanta comer y disfrutar con lo que como. Se trata de ir sustituyendo cada alimento que dejas de consumir por su versión saludable (¿has leído mi artículo Alimentos que restan: dejen salir antes de entrar?). Comer frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, semillas, frutos secos, bebidas vegetales, etc. y, si eres omnívoro, pescado, carne blanca y huevos, de calidad y con moderación. Déjame ayudarte un poco compartiendo contigo Lo que hay en mi despensa.
  8. "Pues si hago todo eso, entonces no voy a poder salir a comer a ningún sitio". En absoluto, tu vida social no tiene por qué afectarse. No se trata de que ahora te conviertas en un bicho raro al que nadie quiera invitar a comer a su casa o a salir a un bar por miedo a que no coma de nada. Yo voy a todas partes, siempre se puede encontrar la opción un poquito más sana en los sitios, o no tomar alcohol, o fomentar que se pida una ensalada cuando se sale en grupo, o bien hacer una excepción y no pasa absolutamente nada. No hay por qué renunciar a todo para siempre. Se pueden consumir cosas menos sanas de vez en cuando y luego volver a tu rutina saludable. Lo importante es lo que hagas a diario, lo que cuenta es la regla, no la excepción.
  9. "Yo no tengo fuerza de voluntad". Todos la tenemos y mucho más fuerte de lo que podemos imaginar. Pero más importante que esa fuerza, es ver hacia dónde diriges tu foco, qué es lo que te interesa y motiva realmente. Hay quien encuentra la motivación, como puede ser mi caso, tras el diagnóstico de una enfermedad cuando ya le ves las orejas al lobo. Pero espero que no sea tu caso y que logres ponerte las pilas cuando estés a tiempo de prevenir en lugar de curar. No hay que esperar a que llegue la motivación, se trata de empezar a hacer las cosas, sin pensarlo mucho, sólo empezar a actuar. Como nos sentiremos bien, la motivación llegará sola. No se trata de hacer renuncias, sino de hacer elecciones conscientes. Y cuando lo ves así y notas los beneficios, llevar este estilo de vida te parece lo más natural del mundo, no te supone ningún esfuerzo. Disfrutas con un zumo verde o una buena ensalada con aguacate, disfrutas de verdad, te lo pide el cuerpo y te encanta.
  10. "Yo es que no puedo vivir sin... mi café de la mañana, mi vaso de leche antes de acostarme, queso, etc.". No hay que vivirlo como una renuncia, ni como una dieta, sino como un nuevo estilo de vida, como un regalo que le haces a tu templo más sagrado, tu cuerpo. Hay que enfocarse en todo lo que se gana, no en lo que se pierde. No es que no puedas comer azúcar, es que ahora que sabes que te perjudica y no te aporta nada bueno, eliges voluntariamente no comerla. La industria alimentaria nos ha hecho adictos a muchos "alimentos". Estudian combinaciones de sustancias (como la de grasas, sal y azúcar), saborizantes, etc. que proporcionan a nuestro cerebro sensaciones de placer inmediato. Es lógico que al principio nos cueste un poco desprendernos de todo esto, pero te aseguro por propia experiencia que puede hacerse. Yo antes era de las que decían que tenía que haber nacido ratona con lo que me gustaba el queso, o de las que no tiraban sin su café al despertar. El cuerpo y el paladar se acostumbran a todo, y muchísimo más rápido de lo que te imaginas. El sabor se aprecia en los primeros centímetros de nuestro aparato digestivo, pero el resto de él y el resto de tu organismo sabrán valorar los beneficios de una alimentación limpia, saludable y de calidad.

¿Te suenan estas excusas?, ¿te han dado otras diferentes? Y en tu caso, ¿qué es lo que te frena o te impide dar el salto y empezar a caminar en la dirección que te ayuda a alcanzar tu versión saludable?

Tampoco podemos obligar a nadie a cambiar ni a seguir nuestros propios pasos, por muy evidentes que sean los beneficios. Pero sí que podemos compartir lo que nosotras/os hacemos y lo que nos funciona y dejar que esa energía que se desprende hable por sí sola. A cada persona le llegan las cosas en un momento vital y eso no se puede forzar. Sí podemos ser un referente y un ejemplo con nuestros actos y estar ahí cuando aquellos que se resisten un poco se animen a avanzar.

Debemos ser conscientes de que nuestros actos se convierten en nuestros hábitos. Y son esos hábitos los que día a día forjan nuestro carácter y nuestro estado de salud.


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