El yoga Iyengar


Mi primera clase de yoga fue hace menos de 2 meses y ya estoy enamorada de esta disciplina. Como dice mi profesora, el yoga es un camino de autoconocimiento que te permite llegar a la mente a través del cuerpo. Precioso viaje, ¿no es verdad? Y muy alineado con nuestro propósito de alcanzar esa versión más saludable de nosotros mismos.

Nutrirnos va mucho más allá de los alimentos que ingerimos. Nos nutrimos a través del cuerpo y a través de la mente, nos nutren las relaciones con otras personas, las experiencias que vivimos, los pensamientos que tenemos, los conceptos nuevos que aprendemos, el aire que respiramos, las horas que descansamos o la forma en que trabajamos nuestro cuerpo y conectamos con él. El yoga está relacionado con muchos de estos otros "nutrientes".

La palabra "yoga" deriva de la raíz sánscrita yuj, que significa unión, unión del cuerpo con la mente, unión del individuo con el Universo. Todo está conectado.

Hace ya algún tiempo que tenía ganas de tener un acercamiento con el yoga. Intuía que, además de gustarme, era algo que iba a encajar muy bien conmigo y con esta nueva forma más consciente y saludable de entender la vida.

Todos hemos oído hablar en algún momento de los beneficios del yoga pero, aparte de que se practica realizando unas posturas o asanas y que suele hacerse sobre una esterilla, poco más sabía yo sobre el tema.

Este verano una amiga que lo practica desde hace años me habló un poco de su escuela y despertó todavía más mi interés. Es una de estas personas que desprenden un aura especial, de calma y simpatía, que te inspira a querer saber un poco más cuál es la clave de su éxito. El yoga, ahora estoy segura, tiene algo que ver.

Fue así como descubrí que existen varias modalidades de yoga (Hatha, Vinyasa, Iyengar, y muchas otras) según el maestro yogui que inició el método o las variedades que se hayan introducido. Mi ciudad es pequeña y no se caracteriza por una gran oferta en este tipo de prácticas, por lo que me costó un poco dar con un centro que impartiera yoga de calidad.

Por casualidad, di con este método de yoga que desconocía hasta el momento: el yoga Iyengar. B. K. S. Iyengar (fallecido en 2014 a sus 95 años) fue el gran impulsor del yoga en Occidente. Era un profundo conocedor del cuerpo humano y de la biomecánica. En 2004 fue nombrado por la revista Time una de las 100 personas más influyentes del mundo, cosa que dudo le gustara a Iyengar, pues los resultados en yoga se consiguen desde la humildad.

En esta modalidad de yoga se hace uso de soportes como mantas, ladrillos de madera o cinturones para ayudar a alcanzar la perfección en la postura y también para permitir el acceso al yoga a personas de todas las edades y condiciones físicas. Se podría decir que es un yoga adaptado.

Una de las características del yoga Iyengar es que persigue la alineación del cuerpo en cada postura, del cráneo al sacro. Esta alineación de la columna vertebral permite una respiración más profunda como forma de llegar a la mente a través del cuerpo.

Tiene también fines terapéuticos en muchas dolencias (dolores de espalda, trastornos menstruales, hipertensión, insomnio, anemia, etc.), lo que exige gran conocimiento por parte de la persona que lo imparte. Por eso es importante elegir una escuela o un maestro bien preparado, que sepa transmitir la filosofía del método, y que los grupos sean reducidos para que se pueda dedicar tiempo a corregir las posturas. En este enlace de la Asociación Española de yoga Iyengar puedes encontrar el listado oficial de los profesores de España de esta modalidad ordenados por comunidades autónomas. 

No es un deporte ni es meditación, aunque sí es una forma de alcanzar ese estado. Pero en las clases de yoga se suda y, sobre todo, se trabaja. Se trabajan las posturas, la atención consciente, la respiración, la armonía, etc. Además, las personas que practican este tipo de actividad suelen ser personas que también persiguen un estilo de vida consciente y saludable, por lo que el ambiente es muy agradable.

Todavía no soy más que una principiante, aunque ya empiezan a sonarme palabras como tadasana (postura de la montaña) y comienzo a notar los beneficios en mi estabilidad postural y en el descanso. Sigo avanzando en este camino de autodescubrimiento, paseando feliz cuando me dirijo a la clase con mi esterilla bajo el brazo.

Confío en haberte acercado un poquito más a esta doctrina y en, tal vez, haber despertado un poco en ti la curiosidad por saber más y probarlo. Si fuese así, ya me contarás.

Námaste



B. K. S. Iyengar

Puedes escribir un comentario o volver a la página de artículos