¿Hay que ser vegetariano para estar saludable?


Mi respuesta a esta pregunta es: no necesariamente. Sin embargo, si nuestro objetivo es mejorar nuestra salud actual y futura sí que deberíamos plantearnos vegetarianizar un poco (o un mucho) nuestra dieta, aumentar el consumo de verduras y frutas y reducir el de carne, principalmente carne roja, y embutidos (de este tema polémico me gustaría hablarte más detenidamente otro día).

Este fin de semana he participado en un curso de cocina vegetariana organizado por la asociación de profesores de yoga Merkhaba en un enclave privilegiado de la sierra de Cazorla, El Cantalar. Entre los participantes había algunas personas vegetarianas, otros que llevan una alimentación más convencional y otros tantos, entre los que me incluyo, que estamos a caballo entre ambos mundos. Lo que todos teníamos en común era un interés por llevar una alimentación más consciente y saludable, lo cual siempre es positivo.

Ser vegetariano es una opción tan respetable como cualquier otra, o incluso más, porque salirse del camino marcado y luchar contra corriente siempre es más complejo y exige un compromiso mayor. Los vegetarianos no son bichos raros, ni "grillos" (como decía una compañera que la habían llamado a veces sus familiares). Bien sea por principios y amor a los animales, o porque han elegido esta opción de alimentación por considerarla más saludable, si su elección está alineada con sus valores y creencias, es perfectamente válida.

Pero ahora es cuando surge la siguiente pregunta ¿una alimentación es saludable por el mero hecho de ser vegetariana? Mi respuesta vuelve a ser la misma: no necesariamente. Igual que no todos los productos de la sección de ecológicos son saludables de por sí, tampoco lo es en todos los casos una dieta vegetariana. El consumo de vegetales y frutas, por supuesto, es saludable. Ahora bien, una persona puede no comer carne pero basar su alimentación en productos refinados, bollerías industriales, azúcares, salchitofus y demás. Estas opciones pueden ser tan perjudiciales para la salud como la carne, o incluso más.

Lo anterior no suele ser lo más frecuente, porque habitualmente la opción vegetariana la eligen personas comprometidas y preocupadas por su salud y la del medio ambiente, con una visión más ecológica y natural de la vida y la alimentación. Pero, a veces, por desconocimiento, se puede caer en errores. Incluso puede darse el caso de ir a un restaurante vegetariano y encontrar platos demasiado copiosos, con alimentos mal combinados, pan blanco y postres dulces y pesados. Pienso que lo importante es estar bien informado y hacer elecciones conscientes y con sentido para llegar a llevar una alimentación equilibrada y saludable.

Los vegetarianos, como todos sabemos, no comen carne ni pescado. Pero además podemos encontrarnos con otros colectivos según la dieta que lleven, como los ovolácteo-vegetarianos (que toman huevos y lácteos) o los veganos (que no consumen ningún alimento de procedencia animal, incluyendo la miel de abeja y la mantequilla). Los crudiveganos, por su parte, llevan una alimentación fundamentalmente cruda (en mayor o menor porcentaje), basada en alimentos vivos, sin cocinarlos a más de 43 ºC para evitar que pierdan nutrientes por acción del calor.

En mi opinión, más importante que poner una etiqueta a nuestra forma de alimentarnos, es elegir la opción que más encaje con nuestra personalidad y valores, con nuestros gustos y nuestro estilo de vida. Si esto es así, los cambios saludables que progresivamente podamos ir introduciendo serán a largo plazo.

Cuando hablo con la gente sobre alimentación, es frecuente que algunos me pregunten si soy vegetariana. Como muchas verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, semillas, frutos secos, algas, brotes germinados, etc., pero no soy vegetariana. Actualmente, no incluyo la carne ni los embutidos en mi lista de la compra, pero no tengo problema en consumirlos cuando estoy fuera de casa (se podría decir que soy carnívora social). Si compro algo de carne, excepcionalmente, es de ave y procuro que sea de la máxima calidad. Como pescado y huevos, normalmente una vez a la semana, y sigo consumiendo algún yogur y queso de vez en cuando, de cabra y procedencia ecológica.

No sé si en el futuro mi alimentación derivará o no en otras opciones más estrictas, pero si fuera así sería fruto de una evolución natural, no porque fuera algo autoimpuesto. Para que los cambios sean duraderos, es muy importante la forma en que nos los planteamos. Se trata de que "elijo" no tomar café, o no abusar del queso o de la carne, no de que "no puedo" tomarlos. Y si un día los consumo, no pasa nada.

También hay algunas falsas creencias en relación a las carencias alimentarias que puede tener un vegetariano. Sin embargo, hay muchos ejemplos de lo contrario entre personajes públicos conocidos o incluso deportistas de élite.

La única carencia en el caso de los veganos, que no consumen nada de lácteos ni huevos, podría ser la famosa vitamina B12 que no está en cantidades suficientes en alimentos de origen vegetal, y que es fundamental en la maduración de los glóbulos rojos y la síntesis de la vaina que recubre el tejido nervioso. Podría tomarse como suplemento (fijándose en que sea la forma activa) o a través del consumo de alimentos enriquecidos, lo que es especialmente importante durante el embarazo y la lactancia. Por otra parte, también puede haber carencias de esta vitamina en personas que no sigan una dieta vegetariana pero que tengan problemas de absorción intestinal.

Lo que sí es cierto es que las personas que eligen esta opción de alimentación deben prestar un poco de atención al aporte de proteínas de origen vegetal. Pero si habitualmente consumen legumbres, guisantes, cereales integrales, semillas como las de chía o cáñamo,frutos secos y algas, este aspecto está totalmente cubierto.

Como conclusión, podríamos decir que no es necesario hacer cambios radicales en nuestra alimentación para mejorar nuestra salud, pero sí que debemos hacer un consumo moderado y responsable, reduciendo las cantidades de los alimentos que restan y aumentando el de aquellos que suman (puedes ampliar información leyendo mi post Alimentos que restan: dejen salir antes de entrar).

Es lo que Ana Moreno llama ser flexivegetarianos. Se trata de llevar una alimentación saludable pero flexible, comer más vegetales y disfrutar de nuevas formas de consumirlos. Si la mayor parte de nuestra alimentación diaria sigue estas premisas, podemos permitirnos bajar la guardia de vez en cuando sin problema. Nuestro cuerpo tiene capacidad de sobra para gestionar esos "caprichos" ocasionales.

No nos olvidemos de que la comida es también una fuente de placer y, para que los cambios sean duraderos, no debemos tener la sensación constante de renuncia. Como hemos hablado en otras ocasiones, esto no es una dieta, es un estilo de vida.

Para lograr este objetivo de vegetarianizar un poco más nuestra dieta es necesario contar con recursos y recetas nuevas y variadas. Es muy importante también ir buscando siempre sustitutos más naturales y saludables pero que nos gusten para ir reemplazando aquellos alimentos que vamos abandonando o de los que reducimos su consumo.

Por esa razón, participar en actividades como el curso de cocina vegetariana en el que he estado este fin de semana es una experiencia tan gratificante. Además de aprender recetas y otras muchas cosas, conoces a personas de gran calidad humana con las que compartes el amor por la naturaleza y el interés por la alimentación saludable. Así que me gustaría terminar mandando un abrazo a mis compañer@s del curso y a las organizadoras del evento, Remedios y Paz, que nos han transmitido su pasión por lo que hacen. En las personas, como en casi todo, en la variedad está el gusto y no hay nada tan enriquecedor como abrirte a conocer otros puntos de vista.

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