Lo que hay en mi despensa


La despensa de una casa dice mucho de las personas que viven en ella. Si son más de dulce o de salado, si tiran de conservas o prefieren dedicar el tiempo a cocinar, si les gusta el picante o las especias, si se cuidan y saben elegir con qué alimentarse, si les gusta probar cosas nuevas,... Hoy quiero abrirte ese rinconcito de mi vida y compartir contigo la lista de productos que no faltan en mi despensa.

De esta forma, pretendo que conozcas un poco más del estilo de alimentación que llevo actualmente. Seguramente no es perfecta, pero introduce muchos productos saludables y que, además, me encantan. Y, lo más importante, prescinde de otros muchos productos perjudiciales. En mi caso lo tengo claro, para mí la clave para no tener antojos de “alimentos” no saludables es, sencillamente, no tenerlos.

El cambio de despensa representó un antes y un después en mi transición hacia una alimentación más saludable. Empecé de cero con borrón y cuenta nueva. Me deshice de todo lo viejo y lo que quería evitar (azúcar, harinas refinadas, dulces, etc.) para dejar paso a lo nuevo. Esta despensa renovada, llena de sabores y productos saludables y deliciosos, es un reflejo de mi nueva forma de alimentarme. Me hace sentir orgullosa de mí misma y por eso quiero compartirla contigo, por si te aporta alguna idea que te inspire al cambio, o por si quieres ir teniendo referencias de productos en los que detenerte a ojear en tu próxima compra.

A día de hoy, esto es lo que no suele faltar en mi despensa (el orden no atiende a ningún criterio de importancia):

  • Cereales y pseudocereales: arroz integral, copos integrales de avena, quinoa, trigo sarraceno; harina de espelta y de trigo sarraceno; pasta integral; pan integral de centeno de masa madre.
  • Legumbres: lentejas normales y rojas, garbanzos, habichuelas. Ahora en verano también compro botes de legumbres ecológicas ya cocidas.
  • Semillas: de lino, chía, cáñamo, sésamo, amapola, pipas de calabaza o de girasol y tahini (manteca de sésamo).
  • Frutos secos crudos y sin sal: anacardos, nueces, almendras, piñones.
  • Leches vegetales: de avena, almendra, coco, arroz y quinoa.
  • Algas: kombu, wakame, espagueti de mar y agar-agar.
  • Fermentados: vinagre de manzana sin filtrar, chucrut, té de kombucha, tamari (salsa de soja), ajo negro.
  • Condimentos, especias y aromáticas: aceite de oliva virgen extra de primera presión en frío, sal marina sin refinar o sal del Himalaya, pimienta negra, jengibre (raíz fresca y en polvo), curry y cúrcuma (raíz fresca y en polvo), cebollas (rojas, blancas, dulces, frescas y en polvo) y ajos (frescos y en polvo), albahaca y perejil (frescos y secos), orégano, laurel, cominos, nuez moscada, clavo, cardamomo, aceite de lino y de coco, mostaza de Dijon y chiles picantes.
  • Lo más dulce: sirope de ágave o de arce, miel ecológica, stevia en hojas secas, azúcar de coco, canela, dátiles u orejones de albaricoque, uvas pasas o arándanos secos, chocolate negro 85%, cacao en polvo desgrasado puro, algarroba y coco rallado.
  • Infusiones y tés: té verde, manzanilla, menta, infusión de regaliz, cola de caballo, etc. Achicoria (sustituto del café).
  • Súperalimentos: spirulina, chlorella, maca o hierba de trigo.
  • Productos secos: setas shiitake secas, tomates secos, ñoras, levadura nutricional.
  • Brotes germinados: de alfalfa, brócoli, semillas de girasol, ajo negro, etc.
  • Frutas y verduras de temporada: puerros, apio, limones (¡muchos limones!), setas, champiñones, coliflor, brócoli, calabacín, col lombarda, tomates, remolacha, rabanitos, pimientos rojos y verdes, espárragos, alcachofas, pepinos, zanahorias, calabaza, patatas, verduras de hoja verde (lechuga, rúcula, berros, canónigos, endivias, cok rizada, etc.), aguacates, manzanas, peras, piña, melón, sandía, plátanos, granadas, albaricoques, ciruelas, melocotones, etc.
  • Frutos rojos: arándanos, moras, fresas, frambuesas.

Lo que suelo comer un día a la semana:

  • Habitualmente, un día a la semana como pescado: lubinas o doradas de estero (de la costa de Cádiz, criadas de la forma más parecida a la natural), salmón (si es salvaje, mucho mejor), pescado azul pequeño (sardinas, boquerones, caballa), o algo de atún en conserva (aunque no conviene abusar por las cantidades de mercurio presentes en los pescados grandes, pero me encanta; si puedo, lo compro en bote de cristal en lugar de enlatado).
  • Otro día a la semana como huevos ecológicos, normalmente en tortilla.
  • La carne es lo más difícil de evitar cuando se come fuera de casa, por eso compro muy poca, puede que una vez al mes, de pollo o pavo ecológico.

Otros ingredientes que compro ocasionalmente (en sus variedades ecológicas):

  • Vino tinto.
  • Agua de coco.
  • Yogur de cabra u oveja.
  • Tortitas de arroz integral.
  • Aceitunas negras de Aragón.
  • Fajitas de espelta y nachos de trigo para cuando preparo guacamole (me gusta mucho la comida mejicana).
  • Tomate natural triturado.

Mi mayor logro en cuanto a alimentos de los que he prescindido:

  • Dejar de comer queso fue para mí el gran reto. Me encantaba y lo comía casi a diario. Ahora ya ni lo echo de menos.
  • El apego al café sólo me duró una semana y fue muy fácil olvidarlo.
  • Sigo luchando contra las patatas fritas, ¡menuda adicción más tonta! Pero cada vez consumo menos y, cuando compro, procuro que sean lo más naturales posible.

Lo próximo con lo que quiero experimentar en la cocina:

  • Me gusta mucho la comida japonesa. Ya he preparado en algunas ocasiones mi propio maki sushi vegetal casero, pero quiero seguir descubriendo.
  • Quiero aprender a preparar mi propio pan con masa madre.

Bueno, con esto creo que ya puedes hacerte una idea. Y tú, ¿qué es lo que tienes en tu despensa?

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