Mis rituales mañaneros


La forma en que empiezas la mañana influye en cómo se desarrolla el resto de tu día. Mis mañanas, hasta hace no mucho, empezaban con prisas, desayunando un café con leche y una tostada o magdalena, tras lo cual salía corriendo para ir a trabajar. No parece un muy buen comienzo, ¿verdad?

Ahora mis despertares son mucho más serenos, me pongo el despertador un rato antes para ir más relajada y con más calma y poder dedicarme un rato a mí misma y a cargar las pilas para el nuevo día.

Aunque el tema de "mis rituales mañaneros" es un poco personal, quiero compartirlo contigo por si puede aportarte alguna idea que te ayude a mejorar la forma en que comienzas un nuevo día. La palabra ritual me gusta porque evoca algo espiritual, algo ceremonial, y también hace referencia al rito o costumbre, al hábito de autocuidado de cada día.

  • Idealmente, me despertaría con la luz de la mañana y cuando el sueño hubiera sido lo suficientemente reparador pero, obviamente, esto no puede ser así todos los días. Es más fácil si adelantamos la hora de irnos a la cama por la noche. Existen también unos despertadores que emulan la luz del amanecer y tienen sonidos relajantes, con lo cual vas saliendo lentamente del sueño. Creo que es una muy buena opción, pero yo aún no los he probado. Si te despiertas con el despertador, intenta que el sonido sea lo más agradable posible.
  • Lo primero que hago, aún en la cama, es estirarme un poco para empezar a activar los músculos y desentumecer las articulaciones.
  • A continuación, me cepillo la lengua con un raspador lingual (de compra en cualquier farmacia) y me lavo los dientes ¿Por qué hago esto antes de desayunar? Para ayudar a mi cuerpo con su tarea de limpieza. Durante la noche, el organismo realiza tareas de depuración y elimina los desechos a través de los órganos excretores. Por eso amanecemos con legañas en los ojos y con la lengua blanca y, a veces, con mal aliento. Si no limpiamos esos restos que el cuerpo ha eliminado afanosamente mientras dormíamos, volveremos a tragárnoslos con el desayuno ¡qué desperdicio!, ¿no? Limpia la lengua con suavidad. Aquí te dejo un enlace a un vídeo con más información sobre la limpieza lingual.
  • Lo siguiente que hago es beberme un vaso o dos de agua del tiempo para hidratarme y que el aparato digestivo se vaya preparando de forma suave para recibir alimentos tras las horas de ayuno nocturno.
  • Después, me siento en el baño durante unos cinco minutos (sin lecturas, ni móvil) para favorecer el tránsito intestinal.
  • Ya en la cocina, exprimo un limón y me bebo el zumo con una cucharada sopera de aceite de oliva virgen extra de primera presión en frío. Lo tomo con ayuda de una pajita para evitar dañar el esmalte de los dientes pero, si no tienes pajita en ese momento, otra opción sería enjuagarte la boca después de beber el zumo. El limón, a pesar de su sabor ácido, es alcalinizante, con el consiguiente beneficio para la salud. Aunque el tema de la acidez/alcalinidad merece un post aparte, brevemente diremos que la dieta convencional suele ser excesivamente ácida (la proteína animal, incluida la de la leche, acidifica) por lo que es adecuado contrarrestar este exceso de acidez con alimentos alcalinos como el limón. Además, un entorno ácido provoca la expulsión del oxígeno de las células y, ¿sabes qué células son capaces de vivir sin oxígeno? las células tumorales. Como dijo Pasteur en su lecho de muerte "El virus no es nada, el terreno lo es todo". Abonemos un terreno en el que a la enfermedad le sea más difícil prosperar.
  • Siguiendo con mis rituales mañaneros, el último y quizá más importante sería preparar el desayuno. Si es un día laborable, mi desayuno puede consistir en una de las siguientes opciones: 1) una versión sin lácteos de la crema Budwig (que también te describiré más adelante, por si no la conoces); 2) un batido de fruta y verdura con algún súperalimento o alguna semilla; 3) un pudding de semillas y fruta; 4) un yogur de cabra ecológico con muesli y fruta; 5) una tostada de pan de centeno integral con un poco de ajo y tomate rayado acompañado de un té verde o un zumo natural. Si hago un desayuno completo y nutritivo como estos, no siento hambre hasta la hora de comer; pero si pasan muchas horas, a media mañana tomo una o dos piezas de fruta y algún fruto seco. Si es fin de semana o estoy de vacaciones, al levantarme tomo un zumo de fruta y hojas verdes dejando después pasar un rato hasta que siento hambre y, entonces, me tomo alguno de los desayunos anteriores.

Hay un precioso ritual más que aún no he conseguido incorporar a mi rutina diaria, pero que me produce una maravillosa sensación de bienestar cuando lo practico. Consiste en dedicar unos minutos, cinco o diez, a saludar al nuevo día y a meditar. Si puede ser en un entorno tranquilo y con alguna planta o algo de naturaleza y la suave luz del sol de fondo, mucho mejor.

Aunque parezcan muchas cosas, en realidad son cosas sencillas y que no te llevan mucho tiempo. Párate un momento a pensarlo: estirarte en la cama, 2 minutos; cepillarte la lengua y los dientes, 2 minutos; beber un vaso de agua, 1 minuto; sentarte en el baño, 5 minutos; exprimir y beberte un limón, 3 minutos. Sumamos menos de un cuarto de hora. Lo siguiente sería preparar el desayuno, que es una tarea que supongo ya venías realizando, aunque el desayuno fuera distinto. Levantándonos media hora antes de lo habitual hay tiempo suficiente para hacer todo esto y, además, ir más relajado. Los resultados no se hacen esperar: más energía a lo largo del día, más vitalidad, buen humor, relajación y la sensación de que todo en tu cuerpo está en orden.

Si no consigues hacerlo todo todos los días, no pasa nada, pero lo importante es ir conociendo el por qué de cada cosa y qué te aporta de positivo, ir probando e ir incorporando algunas pequeños nuevos hábitos saludables, aquellos que encajen contigo y que te hagan sentir bien.

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